Fernando Sarría Abadía (Ejea de los Caballeros, 1957), Licenciado en Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia del
Arte, por la Universidad
de Zaragoza. Ha dedicado varios años a la investigación en
Historia del Arte, en concreto a la escultura del siglo XVI aragonés. En esta
materia ha participado en más de veinte trabajos en distintas publicaciones y
revistas especializadas,incluyendo el ensayo monográfico El retablo aragonés del siglo XVI. Estudio evolutivo de las masonerías y la exposición Escultura
aragonesa del siglo XVI en el Museo Camón Aznar, en 1993.
Ha publicado los libros de poemas “El error de las hormigas”(2008)(Editorial Eclipsados), “El Alhaquín” –primer accésit en el Premio de Poesía Delegación del Gobierno
2008-(Editorial Aqua), En el 2010 “Todas las mentiras que te debo”(Editorial Eclipsados),en el 2011
“Babel en las manos”(Olifante Editorial) y en el Ha sido incluido en las antologías “Versos sin bandera antología poética España – Colombia” , “Poesía en la margen” y “La luz escondida”.
Ha colaborado en diversas revistas literarias y culturales:
El Cronista de
Fernando Sarría
http://fernandosarria.blogspot.com
Crepusculariosiglo21
http://crepusculariosiglo21.blogspot.com
Sube al Corvette negro del 64
y crucemos bajo la noche la larga avenida del verano,
tenemos el poder de hacer de este día
a través del desierto un nuevo milagro.
Ven y deja que el tiempo sea secundario,
abrazados sobre el suelo veremos el cielo demoledor,
la caída intrascendente de otros mundos pequeños
iluminándonos desde tan lejos
como luciérnagas del Universo.
Bésame despacio, sí,
hazlo como saben tus labios demorarse en mí
y rebuscar entre lo oscuro,
en lo denso, allí donde se acumulan los murmullos
y son derribados todos los silencios.
Bésame ahora, cuando todavía me duele.
Cada vez va ser más difícil olvidarte.
y alimentaba su melancolía respirando la noche.
Era verano en el Hemisferio Sur,
él soñaba con el frío de Ginebra
o con la humedad implacable de Dakar.
Era verano en Buenos Aires
y el mundo le parecía un Atlas propio
donde podía dibujar sus viejas pasiones y sus viajes.
Sus dedos pasaban
lentamente
sobre los mapas,
se detenían en un lugar señalado en rojo,
una punzada,
un río de palabras y de imágenes,
el hombre ciego recordaba,
hurgaba en su memoria el tiempo,
deshacía una a una las páginas escritas de su vida.
Sin nombre apenas que darte
y esta hora ausente de nosotros,
cuando tú duermes y yo oteo el mar.
Las islas son como tu espalda,
se ven en la bruma del horizonte,
y sé que guardan siempre los pájaros y el frío de la mañana,
mientras que a ti, a centímetros de mis dedos,
respirando en silencio,
te cubren una lejanía de sábanas
y todos los pretéritos viajes
que hicimos en la noche.
Guardo
este instante.
Lo
grabo como he hecho otras veces.Ya eres igual en mi memoria
que algunas cosas hermosas que me habitan:
el friso del Partenón en el Museo Británico,
el puente de Alejandro III en París sobre el Sena,
el jardín de Csepel rodeado por el Danubio,
Eubea
en medio del Egeo.
De
Las Horas Ed. Quadrivium 2012
The Police
[Roxanne]
Que nada tenga el valor de lo perdido
en esos viernes noche de bocatas
y de horas que robábamos al sueño…
Es cierto que todo era demasiado obvio,
Es cierto que todo era demasiado obvio,
incluso mientras devorabas los sándwiches vegetales
con afán de sucumbir como nosotros.
Te veía comer de pie y contornearte
(Police y su Roxanne
cabalgaban al borde de las birras y los porros),
embutida en aquellos Levis negros,
ajustados a tu cuerpo,
piel de melocotón que daba gusto rozar
piel de melocotón que daba gusto rozar
cuando yo dejaba la mano cerca de tus muslos
y siempre sentía ese poco de ternura,
ese poco de lascivia,
que no me abandonaba
que no me abandonaba
el resto de la noche,
aunque me besaras y me dijeras,
aunque me besaras y me dijeras,
tantas veces, desnudándote en mi cama:
esta será la
última noche que me acuesto contigo…
De
Bares Ed. 2012
Supe
del dolor, no el mío,
el
de todos, envolviéndome como un espectro hambriento y desolado.
En aquel lugar, donde una frente quieta y fría
me descubrió el silencio,
cada paso que yo daba era más que un milagro,
rodeado de ojos sedentarios,
de los que se quedan fijos e inmóviles,
atados a lo único que ahora tengo de ellos:
su recuerdo en mi memoria.
